Así se ve una noche con Wurlitzer.
Tú armas la música. Tu gente pide desde el celular. La última palabra es siempre tuya.
Los pedidos llegan ordenados.
Se acabaron los gritos desde la pista y los papelitos. Cada pedido llega con lo que necesitas para decidir en dos segundos, sin sacar la vista de la música.
- El estilo, a colorSabes de un vistazo si esa canción cabe en el momento que viene.
- Quién la pidióCuando la persona quiso mostrar su nombre, ahí está. Si no, cuenta igual, pero como alguien.
- Nada entra soloAceptas o dejas pasar. Si no haces nada, la noche sigue como la armaste.
Tu gente entra con el QR. Nada que instalar.
Pones tu link o tu código donde ya miran: la entrada, la barra, tu Instagram. Escanean, ven tu noche y piden desde ahí mismo. Sin descargar nada, sin crear una cuenta y sin interrumpirte a ti.
- Buscan y pidenEncuentran la canción en tu repertorio o en Spotify, y la piden con un toque.
- Saben en qué quedóVen si su pedido está esperando respuesta o si ya entró a la noche.
- Y tú no atiendes a nadieNadie tiene que llegar hasta la cabina a pedirte algo al oído.
La noche no termina cuando para la música.
Lo que tu gente pidió y lo que le gustó queda guardado. Y cuando dos personas coinciden en lo que les gusta bailar, Wurlitzer se los cuenta a los dos.
Ese es el motivo por el que vuelven. Y vuelven a tu espacio, no a otro.
- Nadie queda expuestoSolo se ven entre quienes decidieron participar. El nombre nunca se muestra sin permiso.
- Se enteran solosLes llega el aviso sin que tú tengas que escribirle a nadie.
Nadie puede llenarte la noche.
Cada persona tiene un techo de pedidos por jornada. Y para proponer canciones nuevas a tu repertorio hay fichas que se gastan y se recuperan solas, de a una cada cierto tiempo.
No es para castigar a nadie. Es lo que impide que tres personas insistentes decidan por toda la pista, y lo que hace que cuando alguien gasta una ficha, la piense.
Que no suene lo mismo en todas partes.
La música de tu noche no tiene por qué ser la misma que la del local de al lado, ni la que suena en Valparaíso, en Concepción o en Iquique. Tu pista tiene un gusto propio, y casi siempre nadie lo está escuchando.
Ya sabes cómo funciona.
Le pones nombre, compartes tu link o tu QR, y recibes los pedidos desde tu cabina. No se pide tarjeta.
Programa una noche con pulso.
Haz que la pista quiera quedarse.